domingo, 26 de septiembre de 2010

Crónicas de la ínsula. Los periodistas


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Crónicas de la ínsula. Los periodistas

Un viejo profesor nos aconsejaba hace tiempo: “Cuando lleguen a una ciudad compren los periódicos, en ellos puede calcularse el grado de cultura de esa sociedad; entre más amplia e importante sea la sección policíaca, menor cultura general”. No era una clase de periodismo, de otra forma quizá habría tenido que extenderse en comentar que de esa manera también podría evaluarse la calidad de los periódicos y de los periodistas

Oaxaca, Méx. 27 Septiembre 2010.- Un viejo profesor nos aconsejaba hace tiempo: “Cuando lleguen a una ciudad compren los periódicos, en ellos puede calcularse el grado de cultura de esa sociedad; entre más amplia e importante sea la sección policíaca, menor cultura general”. No era una clase de periodismo, de otra forma quizá habría tenido que extenderse en comentar que de esa manera también podría evaluarse la calidad de los periódicos y de los periodistas.

Oaxaca, lugar de decadente y deprimente servicio educativo con sello de sección 22, Universidad pública (UABJO) y privadas, no puede dejar de acusar también en la actividad periodística serias deficiencias y carencias. Para no detenerse en ahondar, sólo el incumplimiento de los 200 días de clase al año, daña de manera innegable e irreversible la formación del alumno.

Si a eso agregamos que las seudo universidades privadas de acá se dedican a la venta de falsas expectativas, a ofrecer carreras al por mayor sin un sostén académico ni consideración del mercado de trabajo, el panorama es peor. Esas escuelas son estrictamente negocios, entre ellas las que imparten ciencias de la comunicación.

Hace unos años acudimos a una de esas pequeñas universidades (si acaso son academias o escuelas, el concepto de Universidad es superior, más amplio) a presentar una revista a los alumnos de la carrera de ciencias de la comunicación; no conocían dicha revista, ni siquiera la conocía el profesor anfitrión; ello podría atribuirse, por supuesto, a la escasa penetración del medio, sin embargo, al culminar el evento y ya en las charlas informales no sólo los alumnos sino el mismo profesor nos comentaron que no leían ni los periódicos locales.

Comentamos sobre lo poco académico de dicha omisión en vista de los gastos familiares en las mensualidades escolares. Cuestionamos el desconocimiento de la existencia de un plan de estudios de la carrera. Resultado: Nunca volvimos a ser invitados a las publicitadas jornadas de periodismo de dicha escuela. Y eso que la función del comunicador debe ser de crítica y trabajo objetivo.

Hace poco encontré a una de las alumnas de comunicación más entusiastas de esa jornada en un parador de mototaxis, supervisaba dos de éstos de los cuales es propietaria y en eso se ocupa.

Entre los pocos comentarios y artículos que se han publicado últimamente sobre el estado del periodismo en Oaxaca, hallamos uno que ironizaba sobre los egresados de Comunicación de estas “Universidades” privadas. Decía que pagaban más de colegiatura mensual de lo que ganan ahora como reporteros quienes ejercen la profesión. En muchos casos eso no es exacto, pero puede ilustrar de las ingenuas pretensiones de esos alumnos de ser los grandes comunicadores que veían en la televisión y que nunca fueron desmentidas por sus profesores. Triste realidad, casi un abuso.

En la UNAM, por ejemplo, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, centenaria institución pública, en el tronco común, los tres semestres que los alumnos de las cinco carreras que ahí se imparten cursan juntos, los profesores aclaraban con eficaz dureza a quienes aspiraban estudiar Relaciones Internaciones (relaciones interplanetarias, le llamaban en los corrillos) que el servicio diplomático del país estaba acaparado por viejas familias dedicadas a esta actividad, que poca oportunidad había de colarse, además de lo escaso de los cargos. Naturalmente, muchos se cambiaban de inmediato a carreras menos galácticas, con sus sueños felizmente rotos.

La columna de marras también decía: “Cada día me sorprende más la mediocridad periodística que impera en los medios oaxaqueños. Parece que los reporteros se han conformado con seguir en la dinámica de repetir la verborrea oficial, cayeron en el abandono de los géneros periodísticos, en la monotonía de recitar las declaraciones de políticos ignorantes. En el conformismo de cumplir con cinco notas mal escritas para que los editores puedan llenar, como sea, páginas y páginas que cada día menos lectores leen”.

De esa columna que comentamos, aparecida en una página web, “Crónica de Oaxaca”, también se hacía alusión a que todo tiempo pasado fue mejor en el periodismo estatal y que inspirarse con alcohol era casi una virtud (salud).

Pero eran otros tiempos, otras circunstancias. A pesar de las adversidades actuales de los periodistas nuevos, digamos, no cabe duda que quienes poseen la vocación y sensibilidad para ocuparse de informar a la sociedad pueden, incluso, pasar por esas universidades de marras y ser muy buenos comunicadores.

Desde hace unos meses jóvenes incorporados a las páginas de los principales periódicos de Oaxaca (la mayoría mujeres), con sencillez pero con determinación realizan un trabajo con amplitud y seriedad. Se nota en ellas preocupación por la calidad de la información, ganas de investigar, y el resultado es menos protagonismo, cero vedetismo y mayor información. Pero no son legión, por cierto, son muy pocos y pocas.

Estamos en una coyuntura histórica singular, donde el papel del periodismo en Oaxaca cobra una gran relevancia. Los medios de comunicación son fundamentales en un proceso de alternancia política para lograr caminar hacia una efectiva transición. Pero tanto medios como periodistas necesitamos estar a la altura de esta necesidad histórica. Estar a la altura es tener la capacidad, la calidad, la preparación no sólo para el ejercicio de la actividad, sino para entender las exigencias sociales del momento. En Puebla hay una fuerte discusión sobre el tema que en Oaxaca no se da. Como en el 2006 los acontecimientos quizá nos tomen de nuevo desarmados.

En este sentido, el discurso del diputado Javier Corral en Oaxaca, hace una semana, al inaugurar los foros del gobierno electo sobre Libertad de Expresión y Ejercicio Periodístico, marcó puntos nodales sobre el papel de los medios en la transición oaxaqueña. Experto y protagonista en el tema de la libertad de expresión y su adecuada reglamentación, Corral fue preciso.

Dijo que la transición política tiene que a travesar necesariamente los medios de comunicación y la relación medios-poder. El gobierno tiene que definir una política de comunicación social, más que sólo un plan de medios o de relaciones públicas.

La transición democrática, dijo, estará muy lejos si no atraviesa esta importantísima y gran relación, porque en la relación entre medios y sociedad es donde cotidianamente se construye o no se construye la idea de la democracia, de la participación ciudadana, de la cultura política.

Este es un tema tan amplio como nodal. Por lo pronto la disyuntiva predominante en el medio parece ser negociar, simplemente reacomodarse con los triunfadores. Es lamentable.

Cuauhtémoc Blas

blaslc@yahoo.com.mx

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