miércoles, 2 de junio de 2010

Geopolítica del agua, historia por la disputa


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Geopolítica del agua, historia por la disputa


Existen otras dos regiones que, en cualquier momento, pueden convulsionar, dada su ubicación y posición estratégica: el Mar Carpio y el Mar de China Meridional. En ambos se encuentran países que comparten los mismos mares y la presencia de Rusia y los Estados Unidos de América. Las naciones ribereñas tienen añejas rivalidades que, en un momento dado, pueden volverse explosivas por los intereses creados en la explotación del petróleo


La disputa por los recursos naturales ocupa un lugar destacado en el panorama mundial por ser valiosos y porque confieren poder y riqueza. Muchas veces estos antagonismos se entremezclan con orígenes étnicos, tribales, religiosos y plantean un grave peligro para la paz y la estabilidad en varias regiones del mundo.


Como caso reciente está el atentado del 11 de septiembre del 2001, cuyo fin aparente fue el celo religioso; en el fondo, el móvil formaba una extensa sed que buscaba derribar a la monarquía saudí pro-occidental e instaurar un régimen doctrinario islámico para tener el control sobre la cuarta parte de las existencias del petróleo remanentes.


Mucho antes de que se descubriera el petróleo, en la región del Medio Oriente habían ocurrido varios conflictos que relata la Biblia. Desde hace siglos las tribus y reinos locales disputaban ríos, oasis y la tierra alrededor del Golfo Pérsico.


A lo anterior se agregó el petróleo, descubrimiento que generó una nueva dimensión al panorama de violencia ya existente, porque a partir de este hallazgo, las grandes potencias extranjeras establecieron allí sus intereses y emplearon la fuerza militar para protegerlos.


Entraron primero Gran Bretaña y Rusia, y poco después se les sumaron Francia, Alemania y los Estados Unidos de América. Una de sus prioridades fue salvaguardar el tránsito fluido y seguro del energético desde el Golfo Pérsico hacia Occidente y países amigos.


Existen otras dos regiones que, en cualquier momento, pueden convulsionar, dada su ubicación y posición estratégica: el Mar Carpio y el Mar de China Meridional.


En ambos se encuentran países que comparten los mismos mares y la presencia de Rusia y los Estados Unidos de América. Las naciones ribereñas tienen añejas rivalidades que, en un momento dado, pueden volverse explosivas por los intereses creados en la explotación del petróleo.


Pero hay más, el petróleo no es el único recurso crítico que ha generado grandes confrontaciones bélicas, es el agua, ese líquido vital que podrían en años próximos desencadenar contiendas de incalculables consecuencias, sobretodo en zonas de abastecimiento escaso y disputado.


Cierto es que algunos países como Canadá y los Estados Unidos de América son autosuficientes, en cuestión de agua potable; pero en otros muchos dependen de sistemas compartidos, como son los casos de los ríos Jordán, el Tigris y el Eufrates, el Indo y el Nilo. La utilización de los recursos pluviales compartidos ocasiona un contencioso permanente, difícil de resolver.


Las causas fundamentales son dos: el crecimiento demográfico y la extensión de superficies de regadío para producir alimentos; sin duda alguna ambas incrementarán la presión sobre los sistemas hídricos.


Parece increíble que este valioso recurso natural sea motivo de frecuentes contiendas, sin embargo, la historia nos narra que es un rasgo permanente de la conducta humana . La Biblia, en el Antiguo Testamento, describe que los israelitas no entraron al Valle del Jordán, que era la tierra prometida, sin antes expulsar de allí al cananeo, al amorreo, al heteo, al heveo y al jebuseo, tal como lo prometió Jhavé a Moisés. Cuando Josué cruza el Jordán al frente de las doce tribus d Israel se inician las batallas hasta que se hacen del control de toda la región.


Durante siglos las guerras han estado unidas a la defensa y destrucción de los sistemas de conducción del agua. Cuando el asirio Senaquerib conquistó Babilonia en el año 689 a. C. mandó destruir las presas que abastecían la ciudad para inundarla y borrarla desde sus cimientos, hasta convertirla en páramo; hay que recordar que aquí existían los famosos Jardines de Babilonia.


En la era moderna sucedieron dos hechos dignos de mencionar al mando del General Charles Gordon, por el control del agua. A comienzos del siglo XXI, los conflictos por el recurso hídrico son un peligro latente porque abarcan regiones que se extienden desde el Norte de África hasta el Medio Oriente y Sur del Continente Asiático, debido a que la demanda está superando rápidamente las disponibilidades existentes como consecuencia de la escasa pluvialidad en las zonas de abastecimientos.


Ahora el dilema se presenta en la distribución: todos los países involucrados reducen el consumo per cápita o solamente lo hacen algunos y entonces la situación implica un alto riesgo de estallido bélico.


A este grave problema se agregan cinco factores más de gran trascendencia: el incremento demográfico; la extensión de terrenos de regadío para producir alimento; la concentración de la población mundial en las cuencas de estos ríos; la acelerada urbanización que conlleva la industrialización para generar empleos y el cambio climático que alterará significativamente el aprovisionamiento hídrico.


Esta expectativa hará que las naciones inmersas en esta problemática utilicen toda su fuerza para mantener más agua, en tanto que aquellas que sean derrotadas sufrirán pérdidas severas.


Cada año que transcurre, el agua será para ellas un recurso vital que ocasionará guerras más encarnizadas que las habidas por el control del petróleo y la posesión de la tierra. Si se compara el agua y el petróleo, ambos recursos son indispensables para cubrir una amplia gama de actividades humanas, pero su disponibilidad es limitada en el tiempo y obtener cantidades adicionales requerirá esfuerzos heroicos y demasiado costosos. Por ello, cada día que pasa, la humanidad estará más cerca del nivel de escasez a escala planetaria.


Los siguientes datos corroboran esta afirmación. Según el Banco Mundial, la cantidad diaria que necesita un ser humano para vivir en buen estado de salud es de 100 a 200 litros, esto es, entre 31 y 73 metros cúbicos por persona.


Es importante aclarar que del total de agua dulce que se extrae de ríos, lagos, pozos y acuíferos, el 70% se utiliza para los sistemas de riego y obtener alimento mediante la utilización de semillas híbridas.


La situación se complica aún más por el crecimiento constante de la población mundial que en forma paralela necesita más agua y más comida.


De continuar la tendencia demográfica actual, se prevén para el año 2020, 8 mil millones de habitantes, es decir un incremento de mil quinientos millones de personas en los próximos diez años, tomando como base 2009 con 6 mil trescientos millones de seres humanos.


¿Podrá nuestro planeta proveer tanta agua dulce en tan breve tiempo, sin que ocurra una hecatombe de proporciones descomunales? Posiblemente los avances científicos tengan para entonces una solución, al menos parcial; de lo contrario habrá que atenerse a una verdadera catástrofe.


Se ha comprobado que el 70% de la superficie terrestre está cubierta por agua, pero es salada. El volumen de agua dulce es pequeño, menos de un 3% del total. De este porcentaje, las dos terceras partes se encuentran inmovilizadas en los glaciares, los casquetes polares, en forma de humedad en el suelo y en los mantos acuíferos subterráneos. La población humana sólo dispone del 1% de toda la que contiene el planeta y eso debido a las precipitaciones pluviales.


Cada año caen sobre las tierras no sumergidas unos 110,000 kilómetros cúbicos, ya sea como lluvia o nieve; 70,000 km3 retornan a la atmósfera por evaporación y transpiración de las plantas, quedando 40,000 km3 como caudal disponible; de ese volumen 27,500 km3 regresa a los océanos y a los ríos de Siberia. Para consumo humano, regadío y otros menesteres restan solamente 15,500 km3.


Si en realidad existiera una distribución equitativa del agua dulce en toda la superficie terrestre no sumergida, si bastarían los 12,500 km3, más no es así. Un ejemplo muestra con claridad esta aseveración. Como caso especial destaca el Río Amazonas de Brasil que representa el 16% del agua corriente del mundo, en cambio solo se aprovecha el 2% de su volumen para beneficiar zonas áridas y semiáridas.


Por la distribución natural inequitativa de este valiosos recurso renovable, varios países como Argelia, Egipto, Israel, Jordania, Libia, Marruecos, Arabia Saudí, Siria Túnez, Emiratos Árabes Unidos y la República del Yemen, no alcanzan los 1000m3 por habitante, tal como lo indica el Banco Mundial.


CONFLICTOS POR EL AGUA DEL RÍO JORDÁN


El Río Jordán ha sido notable desde que Jahvé le dijo a Moisés que esa era la tierra prometida para las doce tribus de Israel . Después adquirió fama porque allí fue bautizado Jesucristo por Juan el bautista; ahora escausa de violentas confrontaciones entre Lébano, Siria, Israel, Jordania y el pueblo Palestino, por el control de su caudal.


Nace el Líbano, en las laderas del Monte Hermón, cuya cima está 2,800 metros sobre el nivel del Mar Mediterráneo. Cuatro ríos son sus afluenes: el hasbani que se forma en el Líbano; el Dan que tiene sus fuentes en el Norte de Israel; el Baniyas y el Yarmuk que provienen de Siria. Las tres primeras corrientes confluyen dentro del territorio israelí y 45 km tierra adentro el Jordán desemboca en el Lago Tiberlades o Mar de Gallilea; a 10 km de este mar se le une el Río Yarmuk y todos juntos llegan al Mar Muerto, para entonces su salinidad es elevada.


Los primeros intentos serios para explotar esta cuenca se dan durante el mandato británico, con proyectos de extensión agrícola e industriales. En 1946 se establece el reino hachemí en Jordania y en 1948 el Estado de Israel. En un principio el abastecimiento de agua no peligraba para ambas naciones, pero sí suscitó el temor de que hubiera futuros conflictos, considerando el escaso recurso hídrico.


Las tensiones comenzaron cuando Israel inició la construcción del Acueducto Nacional, consistente en un sistema de túneles y canales destinados a llevar agua del Jordán a sus zonas costeras u al desierto del Neguer; Jordania a su vez intensificó las obras del Canal de Ghor. Al acercarse la terminación del acueducto israelí, los líderes árabes consideraron un latrocinio intolerable apropiarse de las aguas comunes del Jordán y bloquearon el proyecto, tomando la decisión de construir presas sobre los ríos Hasbani de Líbano y Baniyas de Siria para desviar sus aguas al Yarmuk y de allí al Canal de Ghor; medida radical que privaba de esos caudales al Jordán y al Lago Tiberíades y por consecuencia, el sistema hidráulico israelí resultaba inútil, porque dejaba de recibir 260 millones de metros cúbicos de agua al año.


En 1964 se produjeron las primeras escaramuzas y fue un choque entre fuerzas israelíes y sirias cerca de las fuentes del Río Dan.


Entre 1965 y 1966 sucedieron varios encuentros de aviones cazas israelíes y sirios por la continuación de las obras del Canal Baniyas Yarmuk. Las tensiones aumentaron en la zona y los diversos protagonistas movilizaron sus fuerzas para la guerra, porque consideraron al agua como un asunto de seguridad nacional.


El 5 de 1967 estallaron las hostilidades a gran escala, conflagración que se conoce como la Guerra de los Seis Días. Israel la ganó con asombrosa facilidad y ocuparon los Altos de Golán, desde donde controlaron las aguas del Río Baniyas. A partir del año 2000 es agua es un tema prioritario en las rondas de negociaciones entre israelíes, jordanos y palestinos.


Los dos ríos forman un sistema que abarca una superficie veinte veces más grande que el Jordán. Pero de igual manera en compartido por varios países y grupos étnicos, entre los cuales la desconfianza es endémica y pocas veces se han puesto de acuerdo en lo que se refiere al agua.


EL TIGRIS Y EL EÚFRATES


Los dos ríos forman un sistema que abarca una superficie veinte veces más grande que el Jordán. Pero de igual manera en compartido por varios países y grupos étnicos, entre los cuales la desconfianza es endémica y pocas veces se han puesto de acuerdo en lo que se refiere al agua.


Ambos nacen en las montañas del Sureste de Turquía y aunque en su camino hacia el Sur se suman diversos afluentes, el grueso de su caudal proviene de esa nación; un 88% para el Eufrates y un 50% para el Tigris. Al abandonar las tierras altas turcas e iraquíes entran en la gran llanura de Mesopotamia, nombre que significa “tierra entre ríos”.


La gran depresión pluvial mide 900 km de longitud y nos 240 km de anchura; en esta región extensa hace unos 7,500 años, la humanidad practicó la agricultura de regadío y surgieron las primeras ciudades y reinos.


Su decadencia empezó al final de la época bíblica , cuando el exceso de irrigaciones elevó la salinidad en las tierras. Fue hasta los siglos XIX y XX cuando se introdujo de nuevo el regadío a gran escala.


En el confín de la llanura, los dos ríos atraviesan una prolongada región de ciénagas habitada por los Madan o “los árabes de las marismas”. Después de cruzar estas comarcas, el Eufrates y el Tigris se unen para formar Chatt-el Arab; el curso ya unificado continúa hacia el Sur unos 150 km hasta desembocar en el Golfo Pérsico.


Las economías y necesidades internas de Siria e Irak dependen del sistema Tigris-Eufrates. Siria obtiene el 85 % del agua que requiere del Eufrates, en tanto que Irak extrae el 100% de las dos corrientes. Turquía solo desvía el 30%, sin embargo, tiene ambiciosos planes de regadío, proyectos que implicarán una explotación más intensa de los recursos acuíferos de los dos ríos en los años próximos.


Además, los estados ribereños están enfrentados no solo por el agua, sino por cuestiones de grupos étnicos, reparto de provincias, liderazgo del partido boasista y la guerra del Golfo Pérsico, ocasionada en los años 1990-1991.


La primera crisis de este tipo se produjo en 1975, cuando Siria terminó la construcción de la presa Talga sobre el Río Eufrates y debía de embalsar 12,000 m3 de agua para regar 640,000 hectáreas. Ante ello, Irak se quejó de que el caudal había disminuido a su mínimo nivel y que las cosechas de todo un año estaban a punto de perderse. Los sirios negaron la acusación, pero las relaciones entre ambos países se tensaron cada vez más, a tal punto que decidieron retirar sus agregados militares, cerraron sus espacios aéreos y reforzaron las guarniciones de sus fronteras.


La segunda crisis estalló por el embalse de la presa Ataturk. Turquía cortó totalmente el caudal del Eufrates durante un mes y aunque no hubo mayores consecuencias, el hecho demostró la capacidad de dicho país para controlar la corriente del río, actitud que generó un resentimiento agudo de parte de Irak y Siria. Este resentimiento se agigantó cuando tuvieron conocimiento de un proyecto de enormes proporciones en el que, a un costo de 30 mil millones de dólares, Turquía pretende sacar de la pobreza el sureste de Anatolia, generar electricidad e incrementar la producción de alimentos. El proyecto comprende 22 grandes presas sobre el Tigris y el Eufrates, 19 centrales hidroeléctricas , numerosos canales de riego para dar millones de hectáreas y crear tres millones de empleos.


Al comenzar el siglo XXI, las políticas del agua en estas cuencas han tomado un cariz contencioso como nunca antes. Y la situación se agrava aún más por el crecimiento acelerado de la población que cada vez demanda mayores volúmenes de agua. El total de habitantes de los tres países ascendía en 2008 a 120 millones , para el 2020 se estiman en 135 millones. Por lo tanto, las condiciones están dadas para una serie de crisis recurrentes y altamente explosivas.


EL RÍO INDO


La cuenca del Río Indo ha sido escenario de conflictos recurrentes entre los ribereños principales, India y Pakistán. El tortuoso curso que sigue desde su origen hasta la desembocadura, atraviesa territorios de varios estados. Sus fuentes principales se encuentran al Norte del Tibet, en la cordillera de Kailas. En su tramo inicial pasa por China, se desvía hacia Cachemira en la parte controlada por India, después entra a Pakistán por el norte y allí se le une el río Kabul que proviene de Afganistán. Antes de desembocar en el mar de Arabia confluyen hacia él otros seis grandes ríos.


En la llanura del Indo hubo asentamientos humanos desde hace miles de años que introdujeron la agricultura de regadío, lo que permitió la aparición de grandes imperios y civilizaciones. La fertilidad de latiera atrajo oleadas sucesivas invasores oriundos de otros lugares menos afortunados, así llegaron arios, bactrianos, partos, humos, persas y mongoles que dominaron la región y sus culturas se fueron sobreponiendo. Los últimos en llegar fueron los británicos durante el siglo XVIII y lograron el control total de la cuenca a mediados del siglo XIX.


Los británicos, además de llevara la India sus ambiciones imperiales decidieron regular el gran y sus afluentes de colosales proyectos hidráulicos. Como tenían el dominio de toda la región pudieron construir un sistema pluvial integrado de las aguas, el primero de su especie en el mundo. El primer canal fue construido en 1859 y en 1915 quedó terminada la red que abarcaba todo el Punjab.


La división de la India en dos estados soberanos, llevada a cabo el 15 de agosto de 1947 fue catastrófico para la cuenca del Indo, porque en esa fecha histórica el valle tenía 11 millones de hectáreas de regadío. Al efectuarse la separación territorial, el Sistema de canales quedó fraccionado en dos redes, con la particularidad de que a Pakistán se adjudicó la mayor parte de los canales y de las tierras de regadío. Sin embargo, con la nueva frontera, las cabeceras de los principales afluentes quedaron en la India, así como el curso superior del mismo Río Indo.


El impacto del hecho no tardó mucho en manifestarse. El 31 de marzo de 1948 India cortó el abastecimiento de varios canales que van a Pakistán. La falta de agua hizo que se perdieran 400 mil hectáreas de regadío paquistaní, causando una gran hambruna. Los afectados exigieron una acción militar. La tensión siguió siendo fuerte los dos estados rechazaron propuestas de restaurar la unidad del sistema hidrológico. El Banco Mundial intervino y después de 8 años de negociaciones, en septiembre de 1960, firmaron el Tratado de las Aguas del Indo.


A pesar de ello, la disputa por el agua crecerá en importancia cuando se hayan agotado los acuíferos y ambos países intensifiquen la explotación del Indo y sus afluentes. A lo expuesto hay que agregar el crecimiento demográfico, India tenía en 1950, 358 millones de habitantes y Pakistán 40 millones, en el 2008 India tiene 1,150 millones y Pakistán 168 millones, esto significa que en 58 años han triplicado y cuadriplicado su población.


El deterioro del medio ambiente y el cambio climático pueden alterar en forma acelerada los términos de la ecuación.


Como la población aumenta y con ella crece la necesidad de agua y alimentos, cada país ribereño tratará de maximizar el uso del agua disponible; cuando las acciones de cualquiera de los estados produzcan una norma del abastecimiento, se darán las condiciones para un choque regional de colosales dimensiones.


LA CUENCA DEL RÍO NILO


Desde tiempos remotos las aguas del Nilo han sido vitales para los asientos humanos de Egipto y Sudán. Las grandes avenidas que se forman y bajan del Altiplano etíope se vierten en el Nilo, para después inundar las fértiles tierras del valle, lugar en donde los campesinos efectuaban dos cosechas al año. La abundancia de la producción agrícola hizo posible la explosión demográfica y poco después la aparición de ciudades, estados e imperios. La civilizaciones egipcias debieron su duración y opulencia, gracias a las vivificantes aguas del Nilo, por ello sus gobernantes siempre se preocuparon por garantizar la afluencia de su caudal, aún valiéndose de la fuerza militar.


Gracias a esta estrategia, Egipto que en nada contribuye al caudal del río, utiliza la mayor parte de sus aguas en provecho propio, sobre todo considerando que los países ribereños situados río arriba no tienen capacidad económica para construir grandes presas ni sistemas de irrigación. Como hasta el presente dispone un mayor poderío militar, los ha disuadido de emprender cualquier reivindicación; sin embargo, existe la posibilidad de futuros conflictos cuando esas naciones por la presión demográfica y necesidad alimentaria decidan sacar más agua del caudal, a sabiendas de las consecuencias que pueden derivarse de un enfrentamiento con Egipto.


Para valorar el funcionamiento de la ecuación planteada conviene hojear brevemente la geografía del Nilo para comprender en aprovechamiento pasado, presente y futuro por los asentamientos humanos.


Es el más largo del mundo, mide 6, 650 km desde sus fuente en África ecuatorial hasta su desembocadura en el Mar Mediterráneo. En su curso recoge y distribuye las aguas del nueve países: Ruanda, Tanzania, Kenia, Congo, Uganda, Burundi, Etiopía, Sudán y Egipto. La cuenca a barca 3, 350 mil km3 osea la novena parte de la superficie total del continente africano; como se infiere de ello se dan diversos climas, selvas, sabanas, ciénegas y hasta desiertos.


Dos son los principales afluentes del Nilo, el Nilo Blanco que recibe sus aguas de los lagos Victoria, Alberto y Kyoga. EL color blanco lo obtiene de la región pantanosa llamada Sudd. El otro brazo arrastra aguas oscuras, de ahí que se le llame Nilo Azul, en corto, pero más caudaloso, nace en el Lago Tana situado en la parte occidental de Sudán. Ya como un solo río entra en territorio egipcio a la gran presa de Asuán, y después se abre en numerosos brazos como barillas de un abanico, formando la región triangular del delta, para desembocar en el Mar Mediterráneo.


El Nilo al abandonar el territorio Sudáneo, y descender a Egipto, forma un valle largo y estrecho que mide 760 km de longitud y un anchura entre 10 y 16 km, en el cual vive la mayoría de la población; están los campos de labranza; fue el lugar de los antiguos faraones; se hallan los grandes monumentos de Giza y Luxor y es en donde se alza la moderna ciudad del Cairo con casi 10 millones de habitantes.


Una somera visión panorámica permite conjeturar que la nación egipcia más temprano que tarde enfrentará graves problemas de abastecimiento de agua debido a la cuenca en compartida con ocho países.


VALENTIN HERRERA

REVISTA ESTILO GRÁFICO

PROPUESTA OAXACA

‘UN ÍCONO DE INFORMACIÓN’